4.8.17

El ministerio de la felicidad extrema

El pasado miércoles (2-8-2017) el ejército indio acabó con la vida de Abu Dujana,  un importante militante del grupo independentista cachemiro Lashkar-e-Taiba. Según un oficial, que dice que habló con él por teléfono poco antes sus últimas palabras fueron "Felicidades, me habéis pillado". Abu tenía puesto precio a su cabeza, 1,5 millones de rupias, unos 25 mil euros.

El nuevo libro de Arundhati Roy, 20 años -y 6 millones de copias- después de "El dios de las pequeñas cosas", no será un clásico de la literatura india en inglés, pero "The Ministry of Utmost Happiness" es un buen libro y merece la pena leerlo. Si "El dios..." creaba un universo propio, onírico, de recuerdos de infancia, "El Ministerio..." nos pone los pies en la tierra, y de qué manera.

La novela tiene 2 hilos conductores fundamentales, un montón de historias puntuales (parches, según las críticas negativas) y un mar de fondo (como el mundo, India, el ser humano, está cambiando a peor rápidamente y encima arrastramos comportamientos vergonzosos del pasado).

El primer hilo luminoso, y el que se echa de menos que no sea más largo, es la historia de una docena de personajes únicos, excéntricos, divertidos y patéticos a la vez, que sobreviven al margen de la cuadriculada sociedad india. Aquí encontramos la Arundhati novelista que no ha perdido fuerza ni capacidad de sorprendernos describiendo personajes estrambóticos que resultan creíbles, más realistas que mágicos, y unas historias con enjundia de esas que no te dejan cerrar el libro, porque no te podrías dormir sin saber el desenlace. Una hermafrodita que se une a una comunidad trans (hijras), una arquitecta dada de lado por su comunidad porque su madre se divorció, un ciego que quiere vengar el asesinato impune de su padre, un funcionario alcohólico... Historias relatadas con la seguridad de una escritora que conoce su oficio y sabe que convence porque, además, domina el inglés.

El segundo hilo, bastante oscuro, es la disección psicológica de lo que pasa en Cachemira un bellísimo país que lleva décadas de conflicto armado. Aquí la escritora novela largamente lo que ha estado denunciando todos estos años en que no aprovechó el éxito de su anterior libro sino que se dedicó a publicar ensayos de actualidad social. Se nota que le han contado desde dentro lo que ha pasado y cómo se ha vivido en estos años: torturas, amenazas, extorsión, asesinatos, traiciones, diversos grupos de liberación o terroristas -según de que lado se mire- también enfrentados entre sí, chivatos, infiltrados, violaciones, desapariciones.... Si la novela hubiera estado centrada sólo en esta parte sería agobiante.

Lo que la novela rezuma es optimismo por la resiliencia de las personas más vituperadas por el crecimiento cada vez más desigual de un mundo que se acerca a los 8 mil millones de habitantes. Y Arundhati no pierde oportunidad en criticar aunque sea en una frase todo lo que va mal en India:
el desalojo por la fuerza de comunidades enteras para dejar terrenos para la explotación de contaminantes empresas globales.
el populismo de los nuevos partidos,
el populismo de los viejos partidos.
la corrupción rampante como sistema.
el crecimiento impune de la violencia fundamentalista hindú.
la implicación del primer ministro en las matanzas de musulmanes en Gujarat en 2003.
la casta blanca a los asesinatos de Sikhs inocentes tras el asesinato de Indira Gandhi en 1984.
la impunidad de la empresa que asesinó en Bhopal a miles de personas con un escape de gas tóxico.
la guerra civil que dura 4 décadas en el interior del país.
la complicidad de los medios en generar grandes y carísimos proyectos de "progreso" mientras un cuarto de la población pasa hambre.
la desprotección de los pobres que acaban trabajando en las ciudades y en latifundios como esclavos y las mujeres y niñas que acaban en redes de prostitución que disfrutan policías, políticos y grandes empresarios.
para evitar la malaria mucha gente duerme en las cunetas de las carreteras, el humo del diesel espanta los mosquitos, pero si el camión pasa por la cuneta aplasta gente si saberlo (un accidente más de tráfico, en India mueren más de 100.000 personas al año por esto).
la desprotección de pequeños agricultores, ganaderos y comerciantes frente a las facilidades que reciben las multinacionales. Los suicidios registrados de pequeños granjeros, por no poder pagar sus deudas, suman más de 300.000 en una década.
el ninguneo a la mujer y a personas de sexualidad minoritaria.
la falsedad de gurús religiosos que viven de la superstición e ignorancia del pueblo.
la marginación y falta de oportunidades de las llamadas castas bajas, intocables y pueblos aborígenes.
el interés en que no cesen los conflictos armados porque mucha gente -militares, empresas armamentísticas, intermediarios- se forra con ellos.
las esterilizaciones forzosas de musulmanes en la época de la "Emergency" de Indira en los 70, cuando suspendió los derechos civiles.

En fin un libro para conocer la India real fuera del foco maquillado de los medios. Usa mucho la marcha atrás, primero nos anuncia una muerte y páginas alante nos cuenta la crónica. Anagrama publicará 50.000 copias en español en octubre 2017 traducido por Cecilia Ceriani -en total se traducirá a 26 lenguas-. La novela cambia de tono varias veces, pasajes poéticos dejan paso a reportajes, al género epistolar, a la comedia, al realismo mágico encarnado en infinidad de animales... aparecen más de 50 personajes en total y puede parecer errática o perder el hilo si no la lees del tirón.

Hasta aquí mi opinión, la prensa especializada internacional ha recibido el libro con largas críticas de todo tipo. ¿Espantoso o precioso? ¿Ingenioso o flojo? ¿Caótico o lúcido? ¿Imperdible u olvidable? Se le está prestando mucha atención y las ventas van viento en popa en estos tiempos digitales. En India y Nepal vale 8 euros en edición tapa dura.
(Arundhati en un retrato reciente, autor desconocido)

Os traduzco algún pasaje del libro, que empieza así:

 "En esa hora mágica cuando se ha ido el sol pero no la luz, ejércitos de murciélagos gigantes [flying foxes] se descuelgan de las "higueras de Bengala" del viejo cementerio y pululan por la ciudad como el humo. Cuando se marchan, los cuervos vuelven a casa. El estruendo de su regreso no acaba por llenar el silencio que dejaron los vencejos que se han perdido, ni el de los buitres de cuello de blanco, custodios de los muertos por millones de años, que han sido borrados del mapa. Los buitres se envenenaron con diclofeno. El diclofeno es la aspirina de las vacas, se le da al ganado para relajar sus músculos y generar más leche. Funciona -funcionaba- como gas nervioso para los buitres de cuello blanco. Cada búfala o vaca lechera relajada químicamente que moría se convertía en cebo para los buitres. Mientras se convertían en mejores máquinas lecheras, mientras la ciudad consumía más helado, tofe y crocanti, almendrado o con trozos de chocolate, mientras bebía más batidos de mango, los cuellos de los buitres empezaron a colgar como si estuvieran cansados y no pudieran permanecer despiertos. Barbas plateadas de saliva chorreaban de sus picos, y uno por uno se cayeron de sus ramas, muertos.
 Pocos fueron los que se dieron cuenta de la desaparición de esos viejos pájaros amistosos. Había tantas otras cosas que llamaban la atención"

"Ella (Anjum) vivía en el cementerio como si fuese un árbol. Al amanecer veía los cuervos marchar y daba ala bienvenida a casa a los murciélagos. Al anochecer era lo contrario. Entre medías consultaba con los fantasmas de los buitres que se acercaban a las ramas más altas...
Cuando se trasladó aquí  por primera vez, aguantó meses de crueldad como lo haría un árbol -sin inmutarse... Cuando la gente la insultaba -payaso sin circo, reina sin palacio- dejaba el dolor pasar entre las ramas como una brisa y el susurro de las hojas era un bálsamo para el dolor"...

 "¿Dónde van a morir los pájaros? ¿Caen sobre nosotras como piedras del cielo? ¿Tropezamos con sus cuerpos en las callles? ... Un día la visita del imán terminó antes de lo habitual. Anjum le observó marchar te-te-tecleando con sus pies sobre las lápidas, su bastón de ver producía música al encontrarse con botellas vacías, jeringuillas usadas que ensuciaban su camino. No le paró. Sabía que volvería. Por muy elaborada que fuese la creación de la personalidad exterior del imán, ella reconocía la soledad cuando la tenía delante. Reconocía que de algún modo tangencial, raro, él necesitaba su sombra, como ella la de él. Y la experiencia le había enseñado que la necesidad era un almacén donde se podía acomodar un montón de crueldad"...

 "Ella era la cuarta de 5 hermanos, nació una fría noche de enero, a la luz de un farol porque había un corte de electricidad, en Shahjahanabad la ciudad amurallada de Delhi. Ahlam Baji, la matrona que la puso en brazos de su madre, dijo "Es un niño". El error era comprensible, dado la falta de luz.
 Si es niño lo llamarían Aftab, habían decidido ella y su marido tras tener 3 hijas. Habían esperado un hijo durante 6 años. Ese fue el momento más feliz de la vida de Jahanara Begum.
 Al día siguiente, ya con luz de día, acariciando su cuerpo con satisfacción, descubrió que bajo las partes de chico había unas pequeñas partes de niña a medio formar.
 ¿Puede una madre quedar aterrorizada por su propio hijo? Jahanara Begum, sí. Su 1ª reacción fue sentir su corazón empequeñecer, sus huesos volverse ceniza. Su 2ª reacción fue volver a mirar por si se había equivocado. Su 3ª reacción fue recular de lo que había creado, sus entrañas se contrajeron y se cagó encima".

 "Su 4ª reacción fue pensar en suicidarse y matar al bebé. Su 5ª reacción fue abrazar el bebé y pensar en la distancia que la separaba de un mundo que hasta ahora pensaba que no existía. Ahí, en un abismo oscuro, todo en lo que hasta entonces había estado segura, todo en lo que había creído, dejó detener sentido. En Urdu, su lengua materna, todo lo que existía, las cosas, los animales, las personas tenía un género. Masculino o femenino, hombre o mujer. Todo menos su bebé. Sí claro, sabía que había un mundo para los que eran como su bebé, el de las Hijra, también llamadas Kinnar. Pero 2 palabras no construyen un lenguaje ¿Podría vivir fuera de ese idioma?"

"Decidió no contárselo a nadie. Los primeros años de Aftab el secreto de Jahanara Begum permaneció a salvo. Mientras ella esperaba que sus partes de chica se curaran siempre le tenía al lado y se volvió fieramente protectora... A los 5 años Aftab empezó a ir a la madrasa para niños de Churiwali Gali. Como tenía una voz muy dulce, le llevaron a Ustad Hameed Khan profesor de música clásica del hindustán... aprendió raagas, chaitis y thumris pero pronto los otros niños empezaron a reírse de ella,
¡es una chica!¡es una chica!
La mofa se convirtió en insoportable y dejó las clases... Su madre consiguió retrasar la circuncisión con excusas, pero un día tuvo que hacerse con valor para contárselo a su marido... Mulaqat Ali era un médico que recitaba una poesía para cada paciente pero cuando Jahanara le contó lo de su hijo se quedó sin versos por 1ª vez en su vida... Decidió consultar un especialista de un barrio lejano para evitar los cotilleos... Tras visitar al Dr Nabi su angustia se convirtió en un problema a resolver. De donde sacar el dinero para la operación".

 "Mulaqat Ali intentó despertar la masculinidad en su hijo pero cuando le contaba historias de héroes como Changez Khan que rescató a su esposa Borte Khatum, secuestrada por una tribu enemiga, Aftab quería ser ella y que le rescataran.
Una mañana Aftab vio una mujer maquillada y con un salwar kameez de colores brillantes comprando tranquilamente pulseras. Ninguna mujer del barrio podía ir así por la calle, sin tapar de arriba abajo, ella iba así porque no era una mujer. Fuera lo que fuera, él sentía que quería ser como ella. Más incluso que había querido ser Borte Khatum. Quería pasear por las carnicerías con cabezas de cabra colgando y por los carritos de verdura, eligiendo. Quería estirar su mano con las uñas pintadas y pulseras repicando para abrir las agallas del pescado a ver si estaba fresco antes de regatear su precio. Quería subirse un poco el salwar antes de pisar los charcos, un poquito, lo justo para mostrar sus tobilleras de cascabeles".

"Empezó a dejarse caer por el barrio espiando a la mujer de los labios pintados.  La siguió hasta Turkman Gate y el callejón Gali Dakotan donde la mujer desaparecía tras una puerta azul. Se enteró que se llamaba Bombay Silk, y que vivía con 7 como ella Bulbul, Razia, Heera, Baby, Nimmo, Mary y Gudya, que vivían juntas en el haveli y tenían una gurú [o maestra] llamada Kulsoom Bi, mayor que todas y que organizaba su vida. El haveli se llamaba Khwabgah, la casa de los sueños".

"Pero a base de insistir, un día, la destartalada puerta azul se le abrió como si fueran las puertas del paraíso. En el patio un pozo y un granado, un porche de columnas, y un cuarto con el techo derruído, en la única habitación disponible dormía Ustad Kalsoom Bi, con Birbal, su periquito palabrotero.     En la veranda dormían, Mary la única cristiana, Gurya y Bulbul -hindúes- y las demás, musulmanas.    la persona más masculina de la Khwabgah tenía la regla:    Bismillah dormía en la cocina y cuidaba que nadie entrara en la casa, con el celo y la profesionalidad de un gangster de chicago.      Su marido la había echado de casa por no tener hijos.   junto a ella dormía Razia, un hombre que gustaba vestirse de mujer.    nimmo era la más joven, la única que había hecho la eso, pero tuvo que irse de casa porque su familia no la aceptaba.
fue ella quien le dijo:
-¿Sabes por qué existen las hijras? fue un experimento para crear alguien incapaz de ser feliz.
-¡Qué dices! mira, ¡aquí todo el mundo es feliz!
-Es todo postureo...  todas llevamos un motín por dentro, una factura impagable, una guerra hindo-paqui está en nuestro interior.  nunca se calma.    es imposible"...


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