8.4.17

2 años ahorrando para el vestido de su hija

Un testimonio y una foto. La foto de A.M.G. Akash (reconocido fotógrafo de Bangladesh) nos muestra a Md. Kawsar Hussain con su hija, más abajo su historia:

"Ayer, pude comprar un vestido nuevo para mi hija después de dos años. Mientras entregaba sesenta monedas de cinco rupias al vendedor, me gritó preguntándome si soy un mendigo. Mi hija me cogió de la mano y pidió llorando que nos fuéramos, que ella no quería comprar ningún vestido. Retiré sus lágrimas con una mano. Sí, soy mendigo, hace diez años. Nunca había pensado, ni en mis pesadillas que tendría que vivir pidiendo limosna a la gente. El bus nocturno cayó del puente e increíblemente estaba vivo. Pero quedé incapacitado. Mi hijo pequeño me pregunta a menudo dónde he dejado mi otra mano. Y mi hija Sumaiya me alimenta cada día diciendo que sabe lo difícil que es hacer todo el trabajo con una mano.

Después de dos años mi hija lleva un vestido nuevo, por eso hoy la traje conmigo para jugar un rato. Tal vez no pueda ganar nada hoy, pero quería estar con mi niña. Pedí prestado este teléfono móvil de mi vecino sin informar a mi esposa. Mi hija no tiene foto y quiero hacer que este día sea memorable para ella. Cuando un día tenga un teléfono, tomaré muchas fotografías de mis hijos. Quiero mantener buenos recuerdos. Es muy difícil enviar a mis hijos a la escuela, pero los estoy educando a todos. A veces no pueden asistir al examen porque no siempre es posible pagar los derechos de examen. En esos días se ponen muy tristes y les digo, a veces podemos faltar a los exámenes porque el examen más grande es la vida que estamos dando todos los días.

Ahora iré a mendigar. Dejaré a mi hija bajo un semáforo donde me esperará. La miraré desde lejos mientras pido. Siento vergüenza mientras ella me ve extendiendo mi mano a los demás. Nunca me deja solo. Hay coches grandes, piensa que puedo tener otro accidente y morir. Cuando consigo algo de dinero, vuelvo a casa sosteniendo la mano de mi hija. Compramos comida por el camino y mi hija siempre lleva la bolsa. En época de lluvias, nos encanta mojarnos y hablar de nuestros sueños. Los días que no saco dinero regresamos a casa en silencio. En esos días quisiera morir, pero por la noche cuando mis hijos se duermen agarraditos a mí siento que estar vivo no es mala cosa. Lo malo es cuando mi hija me espera en la señal, con la cabeza agachada. No puedo mirarle a los ojos mientras trabajo. Pero hoy es diferente. Porque hoy mi hija está muy feliz. Hoy este padre no es un mendigo. Hoy este padre es un rey y aquí está su princesa.

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