25.12.14

La mayoría de mujeres indias desconocen el uso de la compresa.

“Los días de la menstruación eran muy difíciles antes de usar compresas”, cuenta Revathi, una joven de Velur, un pequeño pueblo en Tamil Nadu, en el sur de la India. Cuando empezó a menstruar tuvo mucho miedo porque no sabía de lo que se trataba, recuerda. “Nadie me había dicho nada. A mí me daba vergüenza preguntar y a mi madre le daba reparos explicarme de qué se trataba. Cuando tuve mi primer periodo sólo me dijo que cortara un poco de tela de un sari viejo y que me lo pusiera por unos días y que ya se me pasaría. Pero cada mes era difícil. No quería moverme mucho o salir de casa por miedo a manchar la ropa”, explica.

La menstruación es un tabú en India y es muy difícil que se hable abiertamente de ella, incluso en las casas o en las escuelas. Las tradiciones dictan que las mujeres no deben entrar en los templos o ir a lugares públicos cuando tienen la regla. Por eso muchas prefieren quedarse en casa, interrumpiendo así sus actividades diarias. El 28% de las adolescentes faltaban a clase al menos un día por este motivo en 2010, según un estudio que el Gobierno encargó ese año a la consultora Nielsen.

En India, sólo un 12% de las mujeres usa compresas. La mitad de las mujeres no las utiliza porque son muy caras y un tercio por desconocimiento, según una investigación para la que se entrevistó a un millar de ellas en nueve Estados del país. La gran mayoría usa trozos de tela o paños, como hacía Revathi. Esto provoca que exista una elevada tasa de infecciones urinarias y vaginales. El jefe de comunicación para el desarrollo de Unicef, Mario Mosquera, explica que la utilización de tejidos no es perjudicial. “El problema es que la menstruación es un proceso biológico estigmatizado y eso lleva a que el lavado y secado de las telas se haga de una forma clandestina. En definitiva, provoca prácticas poco higiénicas. Muchas incluso no los limpian antes de usarlos o cuando lo hacen, no los secan al sol”, detalla.

(En este anuncio de la tv india se compara la absorción de una compresa con un trapo:)
Para Revathi, las cosas cambiaron hace cuatro años, cuando empezó a trabajar en una fábrica de compresas de bajo coste que se estableció en su pueblo, en una zona rural. “Cuando un grupo de mujeres comenzamos a fabricarlas y bajaron los precios, la gente empezó poco a poco a hablar de sus ventajas. Y también a comprarlas”, recuerda. Parte de su trabajo es venderlas casa por casa y charlar con adolescentes y adultas sobre temas de higiene femenina. Revathi asegura que de esta manera es más fácil para las mujeres adquirirlas porque en las tiendas es muy probable que el tendero sea un hombre, lo que pone a las chicas en una situación muy difícil.

La  dueña de esa fábrica, Sumathi Kartikeya, asegura que producen hasta mil compresas al día, con un coste de producción de un euro por cada 40 piezas. El precio final de venta de cada paquete de ocho piezas es de 40 céntimos de euro. Un precio asequible, afirma la responsable de la factoría, hasta para las personas con menos recursos. “Las compresas baratas han cambiado la vida de las mujeres que no salían de sus casas por temor a ensuciarse. En las escuelas o en la calle es difícil encontrar baños y es difícil revisar o cambiar los paños. Con las compresas pueden estar varias horas fuera y seguir adelante con sus vidas”, asegura Sumathi, quien además da trabajo a siete mujeres.

La aventura de Sumathi es posible gracias a una máquina, también de bajo coste, con la que se producen las compresas. El artilugio fue inventado por un hombre, Arunachalam Muruganantham, un exsoldador que vive en Coimbatore, una de las principales ciudades del sur de India. Inquieto e ingenioso, cuenta que su curiosidad por la menstruación empezó poco después de casarse. “Shanti, mi esposa, se ponía muy nerviosa algunos días. Iba y venía escondiendo unos trapos. Cuando, por fin, me confesó por qué era y supe de las compresas, me sorprendió que algo tan necesario para las mujeres fuera tan caro. En las zonas rurales de India, las marcas internacionales no son accesibles, las familias tendrían que prescindir de cosas indispensables para comprar un pedazo de algodón a precios desorbitados”.

Así, durante años investigó los componentes de las toallas sanitarias y descubrió que era celulosa, un material muy absorbente. En ese proceso, su mujer llegó a abandonarle durante un tiempo porque pensaba que era muy raro que investigase sobre este tema y en su comunidad veían extraño que un varón se preocupase por la menstruación. Pero pasó el tiempo y finalmente Muruganantham ideó una máquina muy sencilla y fácil de manejar para fabricarlas. Ya ha vendido un millar de unidades de su artilugio en India, a veces a cambio de animales u otros bienes, y ha empezado a comercializarlo en 18 países en desarrollo en Asia y África. Asegura que con sus máquinas, en India se han creado más de 15.000 empleos femeninos y que ha mejorado la vida de miles de ellas. (Aquí un vídeo promocional de la empresa:)

El inventor cree que para que India —o cualquier país en desarrollo— siga creciendo, se deben dar oportunidades iguales a las mujeres, para que se integren al mercado laboral. “La clave de la equidad comienza por la higiene menstrual. Las chicas deben sentirse seguras cuando van a la escuela, para que no la dejen y puedan seguir con su desarrollo. En todo el mundo, ellas son luchadoras y quieren superarse. El problema es que no tienen las mismas oportunidades”, sentencia.

La  visión machista de la regla y que no haya baños en los colegios son factores que influyen en el elevado absentismo escolar femenino, opina Mosquera, de Unicef. Cualquier trabajo para mejorar la higiene femenina es, asegura, un punto de partida para abordar otros temas relacionados con la discriminación de las mujeres, como el matrimonio temprano. Su organización, entre otras cuestiones, trata de acabar con el estigma de la menstruación y organiza grupos de discusión entre chicas para que hablen de este y otros temas importantes para su desarrollo. "El reto de mejorar la higiene menstrual es inmenso por las dimensiones del país, pero posible pues hay un gran interés por parte del Gobierno. Este es un punto importante en su agenda de salud así como para la sociedad civil y las agencias internacionales para el desarrollo”. De hecho, un programa del gobierno subvenciona compresas para chicas en la escuela en 200 distritos.

A la fábrica de Muruganantham ha llegado, desde una aldea lejana, Rekha. Dice que leyó un reportaje sobre el invento del exsoldador en el periódico y que está interesada en comprar una de las máquinas. Afirma que le gustaría dar empleo a otras mujeres y que las chicas de su aldea estén más cómodas durante la regla para que no falten a la escuela. Ella también quiere ser parte de la revolución de las compresas.

(Este artículo fue publicado en el país por Ana Gabriela Rojas el 22-12-2014)

P.S. La revista americana Time, ha incluído a Muruganantham entre las 100 personas más influyentes de 2014.

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