26.7.13

Viajeros, Hampi y Goa


Comienzan las vacaciones y muchas aprovechan para viajar por India o hacer voluntariado con distintas asociaciones, es una primera manera de acercarse a India, Nepal, sus gentes y sus contradicciones, pero también una prueba de fuego algunas lo pasan mal, otras se enganchan y ya no les deja el gusanillo.

Debido al auge de las redes sociales y móviles de última generación, ya no abundan los blogs donde recoger información de primera mano de lo que está pasando por allá, pero unos pocos resisten y os voy a resumir lo que está pasando, familia. Hoy empiezo con un par de viajes:

Xenia y Mariona llevan desde enero rulando por Nepal e India, vaya tela, qué envidia, hace poco llegaron a Goa, a descansar:

...y nuestra habitación con un ventilador especial que parece que no haga nada pero que cuando la noche decide tomarse un descanso nos encontramos a las dos de la madrugada en el pasillo con una vela pidiendo a cualquiera que nos devuelva la luz. Y son días de monzón, de lluvias que se necesitan, de soles alucinantes, el agua del mar removida que se traga varillas de gafas de sol. Días de lectura, de relax, de tomar un poco el sol, caminar por carreteras que se hacen eternas y que se comen el tiempo, que termina pasando volando. Días que debían incluir otra vez la desesperación de la espera y que terminan incluyendo un: ¡madre, como pasa de rápido el tiempo!

En marzo estuvieron en el Kumbh Mela, prueba de ello esta foto. Llevaba tiempo buscando una así porque a la gente que se lo cuento (que yo lo he visto) no se lo cree:


 También pasaron holi en la playa y de Calcuta, donde pillaron primavera, dicen:
llegamos tras 13 horas de tren donde el ambiente es agradable, la gente se amistosa y el recorrido que debía ser interminable se nos hace corto. De buena mañana aparece ante nuestros ojos una Calcuta que se nos parece a Londres a ratos y a La Habana en otros. Subimos al autobús que nos lleva a nuestro barrio y caminando con la casa en la espalda nos encontramos ya en casa... 
...compartimos paseos por una Calcuta desconocida bajo nuestros pasos, comidas y largas conversaciones. Recorrimos las calles, visitamos la otra parte del Ganges, nos enamoramos de los puestos de fruta del mercado y aunque no es una ciudad en la que habíamos puesto grandes expectativas, la aceptamos...
 Juanma ha estado seis meses y medio también rulando por India aunque hace tiempo que ya volvió, esto es lo que contaba de Hampi:

... hoy te cuento brevemente (aunque no te lo parezca) lo que he vivido en una especie de desierto de roca y magia: Hampi. Me creerás o no, poco me importa si tengo que ser sincero, pero Hampi es uno de los puntos del mundo donde brota felicidad y empapa a quien trenza sus días con la gente local y con los rincones mágicos. En honor a Jack el Destripador, vamos por partes:
LA COMPAÑÍA.
... después de viajar los últimos meses gratamente acompañado decidí continuar mi camino en soledad. Lo que no sabía entonces que poco duraría.

Conocí a María a la estación de Margâo, después de pasar la noche entre pobres, ahorradores y otros especímenes y victimas del mundo contemporáneo. De charleta en el andén descubrimos que no sólo compartíamos espera sino también destino y vagón. Nuestras mochilas quedaron abandonadas a su suerte bajo la vigilancia de unas inglesas y unos judíos mientras nosotros arreglábamos el mundo y nos explicábamos las vidas en el lugar más libre del tren: el espacio entre vagón y vagón, donde el aire corre , la gente fuma y nadie se detiene, simplemente espera. Ya te conté en otra carta como me gusta colgar las
piernas por fuera del tren cuando me siento en la puerta siempre abierta para notar la velocidad.

María se ha criado en la cuna de una familia portuguesa, comunista y luchadora; ahora vive en Lisboa estudiando filosofía para saber más, haciendo de actriz cuando puede y quiere, ha estudiado fotografía, hace de pinchadiscos, edita un diario cultural y de contra información y tiene una sonrisa que puedes contar las 32 dientes. Puedes imaginar las conversaciones (en inglés!) que llenaron las horas de tren y han llenado los días: desde el control social en la formula de la felicidad pasando por Marx, poniendo en duda la nacionalidad de Saramago y riendo de los judíos del tren. En realidad con María hemos inventado la vida de mucha gente: vidas tristes, gloriosas, amargas, apasionantes ... ¡Nos encantaba especular! Los judíos ocupan un lugar especial en las bromas que ensucian el Karma. Pero nada es porque sí.

Hemos compartido la moto, el dinero, conversaciones, habitación, cenas, risas y cientos de experiencias que han relleno los días en Hampi.
 

EL VECINDARIO Y EL BARRIO
Nuestro campo base era un lugar pequeño y barato, de baños compartidos y familia encantadora. Cuatro habitaciones habitadas por gente apasionante. Hemos vivido y compartido todo, como en una pequeña comunidad, una comuna en medio del paraíso. Una chica australiana con un novio polaco que forman parte del tejido okupa de Briston, un alemán que debe dinero, sin pelo y con un tic labial, y un marroquí hijo de una familia acomodada, quien sabe si noble o burgués, pero divertido y risueño como él solo. Un vecindario mas bien parido que el 13 rue del Percebe.

Y después está el barrio o pueblo de Hampi Bazaar con Bila y su familia (incluido el perro) que son la mafia de Hampi; está Lucas que viaja a golpe de voluntariado y CoachSurfing, las entrañables brujas que nos enseñaban cómo se lava la ropa a mano (¡y yo que pensaba que había aprendido!), la costurera que nos ha arreglado la ropa, los niños del lago, la familia que nos preparaba el thali delicioso y picante a rabiar, el niño loco que conducía nuestra moto (en realidad era un tapón de 6 o 7 años que le daba gas sin miedo ni conciencia mientras yo hacía peripecias para no matar una vaca, que aquí es cárcel), los viejos del taxi que pedían cigarrillos a María y mucha otra gente que nos ha regalado sonrisa y nos ha mecido en esta tierra de sueños y equilibrios. Hampi creo que es el lugar de la India donde los locales me han hecho reír más, donde me han hecho mas feliz.


LA SONRISA DE Hampi
El papanatas de Gironell etiquetó Mumbai como la Ciudad de las Sonrisas. Estoy seguro de que no visitó ninguna otra ciudad mas de la India. India es el país de las sonrisas, todos sonríen cuando los miras, cuando los hablas, cuando se los sonríes ... es una deliciosa epidemia. Pero lo que he visto, Hampi es la ciudad con las sonrisas mas especiales.

María me había advertido de las sonrisas de Hampi, pero yo, fugitivo del etnicismo y de sus variantes raciales o topónimos decía que sí sin creérmelo. Pero es cierto. Supongo que en Hampi y Anegonda (pueblo vecino) pasa como a todos los pueblos: cuanto más primos mas adentro. Las mujeres distan tienen caras cargadas de paciencia y experiencia, pero-extraño en la India-en linea general distan de lo que yo entiendo por belleza. En cambio los hombres tienen una sonrisa especial. No sé como explicarlo pero arquean los ojos y los labios enseñando los dientes con orgullo. ¡Cuando María me pase las fotos ya verás! Las tiene  muy buenas, porque aparte de los cigarrillos tiene el vicio de inmortalizar todo lo efímero con una ligera obsesión por las sonrisas.
 

LA MOTO
Hampi es un desierto de felicidad con oasis de bananos y palmeras cocoteras, y con piedras amontonadas en equilibrios que desafían la gravedad y la lógica, con templos camaleónicos, con pastores de búfalos, y con carreteras que serpentean y que resquebrajan el asfalto revolucionariamente (cuando hay asfalto), y con más de 40 grados en hora punta. Elementos que mezclados crean un cóctel de ambiente mágico que decidimos explorar sobre neumáticos de una chatarra aspirante a motocicleta. Y ¡vaya si da juego este trasto! De curva en curva, de garito en garito y de pueblo en pueblo entre carreras, entretenimiento para los niños, saludos en marcha, y muchas otras aplicaciones que venían de serie en este entrañable consumidor de petróleo.
 

Hampi
¿Qué es Hampi? ¿Qué tiene Hampi? No lo sé. No tiene nada que se pueda medir con nuestras enfermizas ciencias pero en cambio tiene algo que se puede percibir. Un intercambio de sonrisas y felicidad que hace de Hampi un lugar especial. Y no lo digo yo, ni lo he descubierto yo ('faltaría más!), Eso hace años que lo saben sus habitantes, reyes y reinas y hasta los animales. Hampi es una ciudad sagrada desde hace cientos de años. No se puede beber alcohol, ni consumir otras drogas y está rellena de templos que esperan escondidos entre las rocas el retorno de sus años de gloria. Y esta esencia inmensurable radica en el corazón de su gente y se contagia.