19.6.13

Invidente española ayuda con desparpajo en la India

No existen límites, nos los ponemos nosotras. Ser diferente en capacidades no implica que no se pueda tener una vida como los demás, si la sociedad te ayuda y no te echa para atrás. Está claro que con una buena estimulación temprana y con recursos, que nos están recortando, podemos encontrarnos con gente como Alba, una invidente que viaja frecuentemente a India para ayudar a los ciegos de Anantapur. Acaba de publicar un libro con su experiencia. Esto es la excusa para que EFE, que no cita a la autora del artículo, nos resuma su vida:
(Alba de Toro, de azul, presentando su libro, foto FCP)
 La intérprete y traductora catalana Alba de Toro, ciega de nacimiento, explica en su primer libro, "Los colores de un sueño", su experiencia con niños invidentes en la India durante más de un año, donde siempre hizo bandera del lema que mueve su vida: "puedo hacer cualquier cosa que me proponga".

En una entrevista con Efe, la joven, de 25 años, rememora cómo desde siempre se ha sentido atraída por la India, un país al que acudió por primera vez con 18 años y al que no ha dejado de ir desde entonces, acompañada en sus últimas estancias por Tory, su perra lazarillo, sus ojos y su guía por las caóticas calles de Anantapur.

En "Los colores de un sueño" (Plataforma Editorial) da a conocer su experiencia en la escuela de Kadiri, un colegio de primaria para niños ciegos de entre cuatro y diez años, y lo que allí vivió con los pequeños Sandeeb y Santosh, por ejemplo, pero tampoco rehuye otras cuestiones sobre cómo se ve la muerte allí o cómo en determinados momentos se sentía "como un mono de feria".

"Una chica blanca, ciega y con un perro guía debe ser la cosa más rara que hayan visto jamás. La privacidad no existe en Anantapur, ni para mí ni para nadie, de modo que a veces me apetece salir corriendo y desaparecer por unos días. Sin embargo, cuando corro bajo la lluvia con mis niños, cuando juego y me peleo con ellos para llevarlos hasta el enorme charco que hay en el camino, cuando chapoteamos y nos quedamos chorreando, siento que tengo un poco de esa libertad que necesito", escribe en una de las páginas.

Alba, que actualmente trabaja en Manchester (Inglaterra) como traductora de español y de télugu -una lengua de la India que hablan unos 60 millones de personas-, comenta que lo que ha querido enseñar a los pequeños invidentes indios es que todo es posible si uno se lo propone.

Reconoce que mientras ella desde pequeña todo lo tuvo adaptado y "fácil", con unos padres que le "ayudaron siempre", y "con una institución como la ONCE detrás, allí nadie se había planteado que los niños ciegos podían dibujar o jugar al fútbol. Todo el mundo es muy sobreprotector con ellos, pero alguien les tenía que decir que si no saben hacer algo lo tienen que intentar y que es posible cocinar o escribir en un ordenador", insiste.

También les ha querido inculcar que por el hecho de ser ciegos no deben ir "con la cabeza baja" y que sin la ayuda de nadie pueden lavarse, peinarse, vestirse o tener la ropa ordenada. "Les he enseñado a ser independientes", apostilla.

Por otra parte, no esconde que en su peripecia en el país ella también ha aprendido que allí se respeta mucho más que en Occidente a la gente mayor y a la familia. "Tienen una visión más altruista de la vida así como una espiritualidad diferente", remacha.

 Así nos vende el libro la editorial:

 El testimonio de una joven invidente que hace realidad sus ilusiones ayudando a niños indios

«¿Que cómo son mis sueños? ¡De colores! De pequeña empecé a soñar que un día me iría a la India. Que escucharía el ruido atronador de sus calles, que olería esa mezcla casi indescifrable de aromas distintos y que estaría rodeada de niños. Supongo que, cuando lo explicaba, algunos debían pensar: “¡Pero si Alba es ciega! ¿Cómo se va a ir a la India?".» A lo largo de estas páginas, Alba contagia el entusiasmo de una joven con una motivación extraordinaria que, con una naturalidad sorprendente, va superando pequeños retos para lograr alcanzar sus sueños. Con una sensibilidad exquisita, un optimismo contagioso y buen humor, Alba demuestra con su ejemplo que lo importante es conocernos, identificar qué queremos y, a partir de ahí, ¡perseguir nuestras ilusiones! 


Montserrat estuvo en la presentación del libro en Barcelona (la foto de arriba es suya) y nos cuenta:
 Emotiva experiencia la de  corroborar como esta joven, ciega de nacimiento, ha sido capaz de conquistar la vida, gracias al esfuerzo de sus padres primero, profesores, amigos y de la ONCE después, hasta convertirse en un ser especial. Alba es capaz de llevar a cabo no importa el proyecto, se entusiasma, y contagia su frenesí. Activa, inquieta, indaga, busca lo que presiente y, puedo corroborar, que no cesa hasta encontrarlo. Jamás se resiste a nada, no tiene miedo, nunca se muestra victimista, anima a quienes se sienten preocupados. Afirma que viajar a la India -año 2011-, a la Fundación Vicente Ferrer, en el Distrito de Anantapur, donde trabajó con  niños invidentes enseñándoles informática y los quehaceres cotidianos fue, uno de sus primeros  sueños. Niños que, como ella, no disfrutan de visión.

A la mañana siguiente estuve con ella en su casa, radiante de felicidad tras la emoción del día anterior. Estaban con Alba sus padres y también Raj, su buen amigo, músico que toca el “bansuri” flauta india y hace maravillas con la percusión. Larga charla, de la que aprendí mucho: “los límites los tenemos en la cabeza, esto es lo que les digo siempre a los niños con quienes compartimos ideas y esperanzas Los limites los marcamos nosotros, nuestros miedos, nuestra ignorancia. Yo les digo que pueden hacerlo todo, si sabemos escuchar las historias de los demás, las nuestras las conocemos. Es así como podemos conseguir que, nuestros sueños se conviertan en realidad”.