29.4.13

La ropa barata sale cara (371 muertos en Bangladesh).

(Actualización. 17 días después se rescata con vida a Razmah que sobrevivió bebiendo el agua que se filtraba y con algo de comida de las latas de merienda de sus compañeras. A día de 10 de mayo ya se había superado la cifra de 1000 personas fallecidas. ).
Si algo te sale barato, muy barato, es que alguien lo está pagando por ti, escandalosamente: gente que trabaja en condiciones inhumanas rayando la esclavitud, o quizás el planeta al no ser respetado. En Bangladesh se pagan los menores salarios del mundo a trabajadore/as que confeccionan ropa para todo el planeta (rico):

Ropa limpia aporta últimas noticias:

26/04/13. Última hora de la tragedia en Bangladesh: Encontradas etiquetas de El Corte Inglés en la fábrica.
Un documento con el nombre de El Corte Inglés encontrado en las ruinas del edificio derrumbado en Bangladesh. Foto: FT
(Restos de un cuaderno encontrado entre las ruinas del edificio siniestrado. Foto FT)

Además de Mango y Primark, se han localizado etiquetas de El Corte Inglés en el edificio derrumbado Rana Plaza en Savar (Dhaka) en Bangladesh. Al menos hay 300 personas muertas y mil heridas, y la cifra va a seguir aumentando porque todavía hay muchas personas desaparecidas. La Campaña Ropa Limpia, junto con los sindicatos y las organizaciones de derechos laborales en Bangladesh exigen la acción inmediata.
La Campaña Ropa Limpia está contactando con todas las empresas implicadas para conocer su relación con la tragedia. Además de ayuda de emergencia e indemnizaciones, exigimos la implementación del programa de seguridad en las fábricas de Bangladesh y que firmen inmediatamente el "Bangladesh Fire and Building Safety Agreement" (programa para la mejora de la Seguridad en las fábricas de Bangladesh).
Tantas vidas pérdidas al menos debe traducirse en un punto de inflexión radical en el modo de producir y comprobar el respeto de los Derechos Humanos por parte de las empresas transnacionales.
(Víctimas de la globalización. Fotógrafa: Taslima Akhter. Vía asha.org)
EFE aporta que uno de los responsables es español:

La Policía arresta al dueño del edificio que se derrumbó en Bangladesh y busca a un español
El edificio se derrumbó el pasado miércoles, y que según el último recuento ha dejado 371 muertos y miles de heridos

La policía arrestó al dueño del edificio que se derrumbó el miércoles y que albergaba varias fábricas textiles en Bangladesh, por lo que la búsqueda policial de responsables del siniestro se limita ahora a dos individuos, que se encuentran fugitivos, incluido un empresario español.
Según informó la agencia local UNB, el empresario de nacionalidad española que se encuentra en paradero desconocido es David Mayor, director general de Phantom-Tac, una de las fábricas textiles que se alojaban en la el edificio que se desplomó esta semana a las afueras de Dacca.

La página web de esa compañía afirma que el taller textil se encontraba localizado en la cuarta planta del edificio Rana Plaza, el cual se derrumbó el pasado miércoles, y que según el último recuento ha dejado 371 muertos y miles de heridos. Fuentes diplomáticas españolas dijeron que conocen la información divulgada por la agencia bangladeshí en la que se menciona al empresario español, pero declinaron ofrecer más detalles.

Uno de los socios locales del español, Aminul Islam, fue arrestado ayer, al igual que otros dos empresarios relacionados con las compañías textiles presentes en el inmueble siniestrado, según fuentes policiales del país asiático.

El arrestado hoy, el dueño del edificio Sohel Rana, pertenece a la rama juvenil de la Liga Awami -el partido gobernante en Bangladesh-, y fue encontrado por la policía bangladeshí cerca de la frontera con la India, a donde trataba de huir. El otro hombre que se halla prófugo es el padre de Sohel Rana, Abdul Khaleque Bepari, de acuerdo con UNB.

La Policía Industrial había acusado a los propietarios de las fábricas de ignorar las grietas que aparecieron en el edificio de ocho plantas el martes y de obligar a los empleados textiles a acudir a sus puestos de trabajo a pesar del riesgo que corrían. "Ninguno de nosotros quería entrar al edificio, pero nuestros jefes nos forzaron", dijo el día del accidente Nurul Islam, uno de los trabajadores heridos, al portal de noticias Bdnews24.com Los equipos de rescate encontraron a cuatro supervivientes en la tercera planta del inmueble a primera hora de la mañana de hoy, donde según un portavoz del Ejército, Chowdhury Hassan Suhrawardy, han hallado a nueve personas más con vida bajo los escombros.

El desastre ha vuelto a poner de manifiesto las malas condiciones laborales y de seguridad que sufren los trabajadores de talleres textiles en el país asiático, que abastecen a multinacionales occidentales, como las implicadas en este siniestro El Corte Inglés o Primark. Bangladesh es el país del mundo con costes más baratos de producción en la industria de la ropa y por eso empresas de todo el mundo, incluido China, están trasladando parte de su producción al país asiático, de acuerdo con la Campaña Ropa Limpia. Según datos de la Federación Nacional de Trabajadores del sector Textil de Bangladesh, en los últimos 15 años ha habido unos 600 muertos y 3.000 heridos en accidentes ocurridos en fábricas textiles (incendios o derrumbes) en el país.
(Los 11 miembros de esta familia de una trabajadora textil duermen en la misma habitación. T Akhter)
La noticia nos la sirvió  Human Rights Watch:
Bangladesh: Tragedia revela la urgente necesidad de protección para trabajadores. El colapso de un edificio de ocho plantas que albergaba varias fábrica textiles en las proximidades de Dacca evidencia la necesidad urgente de mejorar las garantías para la salud y la seguridad de los trabajadores de Bangladesh. Las reformas deberían incluir una revisión radical del sistema gubernamental de inspecciones laborales y el cese de los intentos del gobierno por frustrar el derecho de los trabajadores a sindicarse.

El edificio Rana Plaza, ubicado en la zona de Savar, afuera de la capital de Bangladesh, albergaba cinco fábricas textiles. El colapso del complejo se produjo el 24 de abril de 2013, justo antes de las 9 a.m. Al momento de la redacción del presente, el número de muertos provocado por el colapso ascendía a varios cientos de víctimas, en su mayoría trabajadores textiles, y aún había numerosas personas atrapadas entre los escombros. El edificio había sido evacuado el día anterior, al aparecer grietas importantes en las paredes. Numerosos trabajadores se mostraron renuentes a ingresar al edificio en la mañana del colapso, pero finalmente lo hicieron luego de que les indicaran que las condiciones eran seguras, o tras ser amenazados por capataces.

“En vista de los graves antecedentes de muertes de trabajadores en fábricas, lamentablemente esta tragedia era predecible”, indicó Brad Adams, director para Asia de Human Rights Watch. “El gobierno, los propietarios de fábricas locales y la industria internacional de indumentaria pagan los salarios más bajos a nivel mundial y no han tenido la decencia de brindar condiciones seguras a quienes producen las prendas que visten personas en todo el mundo”.

El colapso del edificio Rana es el último acontecimiento de una larga lista de tragedias ocurridas en talleres en Bangladesh. En abril de 2005, 73 trabajadores del sector de indumentaria murieron al desplomarse una fábrica en Savar. En febrero de 2006, 18 trabajadores perdieron la vida en un taller de indumentaria que colapsó en Dacca. En junio de 2010, 25 personas murieron al derrumbarse un edificio en Dacca. En noviembre de 2012, más de 100 trabajadores murieron en un incendio en una fábrica en Dacca.

Es sabido que en Bangladesh los mecanismos de inspección para garantizar la seguridad en el lugar de trabajo son sumamente deficientes El Departamento de Inspección del Ministerio de Trabajo, encargado de supervisar que los empleadores cumplan con la Ley de Trabajo de Bangladesh, presenta una falta de recursos crónica. En junio de 2012, el Departamento de Inspección contaba con tan sólo 18 inspectores y subinspectores para controlar aproximadamente 100.000 fábricas en el distrito de Dacca, donde se ubica el edificio Rana. Tan sólo el sector de indumentaria emplea a cerca de 3 millones de trabajadores.

Cuando los inspectores advierten infracciones a la Ley de Trabajo, las multas que se fijan en virtud de esta norma son insuficientes para instar a los empresarios a cumplir las reglamentaciones. Si bien la ley prevé penas de prisión para quienes vulneren las normas sobre salud y seguridad laboral, en general las infracciones sólo dan lugar a la aplicación de multas de aproximadamente US$ 13 por caso.

En junio de 2012, funcionarios del Departamento de Inspección señalaron a Human Rights Watch que consideraban prioritario mantener buenas relaciones con los gerentes de las fábricas, lo cual implica que es habitual que se avise a los talleres anticipadamente cuando está previsto realizar una inspección. Un subjefe de inspectores explicó al respecto: “Intentamos siempre mantener buenas relaciones con el sector gerencial. Normalmente les avisamos antes [sobre una inspección]. A veces les enviamos una carta, y en otras ocasiones nos comunicamos telefónicamente si tenemos el número”.

“A lo largo de los años, los distintos gobiernos de Bangladesh se han ocupado de la seguridad de los trabajadores tan sólo en apariencia, cuando en verdad son solamente los dueños de estas fábricas quienes tienen llegada a las autoridades que definen las políticas”, aseveró Adams.

La renuencia del gobierno y la industria a reconocer los derechos de los trabajadores contribuyó a que se produjeran estas muertes, al obstaculizar la posibilidad de que los empleados pudieran negarse a trabajar en condiciones inseguras. Según señalaron sindicalistas de Dacca, en ninguno de los talleres que albergaba el edificio Rana Plaza los trabajadores pertenecían a sindicatos. La aplicación deficiente de normas laborales en Bangladesh favorece la impunidad de empleadores que hostigan e intimidan a trabajadores y sindicalistas locales que intentan ejercer su derecho a organizarse y participar en negociaciones colectivas.

Las organizaciones sindicales de Bangladesh operan en un entorno mayormente hostil. Aún no se han esclarecido los hechos vinculados con la tortura, seguida de muerte, del defensor de los derechos laborales Aminul Islam, en abril de 2012. Islam había sido detenido y torturado anteriormente por miembros de las fuerzas de seguridad gubernamentales. En la actualidad, más de una decena de defensores de derechos laborales enfrentan dudosos cargos penales. El gobierno continua impulsando acciones legales destinadas a intimidar al Centro de Bangladesh para la Solidaridad de los Trabajadores (Bangladesh Center for Worker Solidarity, BCWS), una organización no gubernamental que trabaja en estrecha colaboración con los sindicatos, y ha revocado arbitrariamente su habilitación como ONG.

“Si uno o más de los talleres ubicados en Rana Plaza hubieran estado sindicados, los trabajadores podrían haberse negado a ingresar al edificio el día que colapsó”, afirmó Adams. “Esta tragedia muestra que en Bangladesh el derecho a organizar sindicatos no busca solamente conseguir salarios dignos, sino que se trata de salvar vidas”.

Las empresas internacionales que compran prendas y otros productos a fábricas de Bangladesh tienen la responsabilidad de controlar que se garantice la seguridad de los trabajadores a lo largo de toda la cadena de suministro. Los talleres en el edificio Rana Plaza proveían mercadería a gran cantidad de marcas de ropa internacionales. Human Rights Watch instó a todas las empresas a asegurar que las prendas que provengan de Bangladesh se fabriquen en talleres que cumplan plenamente con los estándares internacionales y las leyes laborales del país, a través de auditorías externas confiables y de visitas a los talleres proveedores.

“Empresas y consumidores de todo el mundo se benefician de la mano de obra barata en Bangladesh, pero pocas veces exigen condiciones elementales y humanas para quienes, con su arduo trabajo, hacen que esto sea posible”, observó Adams. “Es tiempo de que las empresas anuncien que no aceptarán prendas de fabricantes que no cumplan condiciones básicas. Algunas de las empresas más importantes del mundo ya no pueden seguir apelando al desconocimiento y el bajo costo como excusa”.

“¿Cuántas tragedias más deberán ocurrir en talleres antes de que el gobierno de Bangladesh dé prioridad a la seguridad de los trabajadores y ponga fin a ese vínculo promiscuo con poderosos propietarios de empresas?”, cuestionó Adams. “Hasta tanto Bangladesh regule adecuadamente los lugares de trabajo y combata seriamente las condiciones laborales inseguras y a quienes las generan, los trabajadores en los talleres continuarán pagando con sus propias vidas”.
(Reshma Begum, 17 días bajo las ruinas. Foto AP)
Y este el análisis de Íñigo Saez:

Las imágenes de los informativos de televisión presentan el derrumbe del edificio de Bangladesh en el que ya se han encontrado 336 cadáveres casi como si fuera una catástrofe natural. Son las mismas imágenes habituales en los terremotos. Edificios convertidos en bloques amontonados de hormigón de los que los equipos de emergencia sacan a los supervivientes, y también los cuerpos sin vida.

Una tragedia del Tercer Mundo.

Los clientes de las empresas radicadas en ese edificio son más cercanas a nosotros. La imagen de arriba es un documento encontrado por un reportero del Financial Times entre los escombros de Rana Plaza. Aparece el nombre de El Corte Inglés y una serie de pedidos diarios de chaquetas. El edificio de ocho plantas albergaba empresas textiles que trabajan, como contratistas o subcontratistas, para varias marcas occidentales, Primark, The Children's Shop y Mango entre otras.

Rana Plaza violaba las normas de edificación de Bangladesh, lo que es terriblemente habitual en ese país. El dueño del edificio, en este momentos en paradero desconocido, era una persona bien conectada con el partido en el poder. Había ordenado construir tres plantas más sobre las cinco originales, lo que ponía en peligro su estabilidad. En cualquier caso, las inspecciones habituales son conocidas allí por ser inútiles.

Incluso así, no es una tragedia aislada. En noviembre de 2012, 112 trabajadores murieron en el incendio del edificio de la empresa Tazreen Fashions.

Hay un hecho que impide considerar lo ocurrido en Rana Plaza como una accidente imprevisible. El día anterior, el martes 23, habían aparecido grietas en el edificio. Al menos una compañía situada en la planta baja había ordenado a su personal que no se presentara a trabajar. Las demás obligaron a sus trabajadores a seguir con sus turnos. Sus contratos con las empresas extranjeras les obligan a entregar un número determinado de prendas cada día. No cumplirlo supone no ya perder dinero, sino arriesgarse a quedarse sin el contrato.

Las grietas eran visibles. La noticia había salido en los informativos del martes. La policía había ordenado al propietario del Rana Plaza que cerrara las puertas hasta que se realizara una inspección. Esas órdenes fueron desobedecidas.
"Ninguno de nosotros quería entrar"

A primera hora de la mañana del miércoles, los trabajadores no querían entrar y se congregaron frente al edificio. Su dueño no hacía más que recordarles que no era nada serio, que el edificio aguantaría "100 años más". Con megáfonos, los capataces les ordenaron que entraran y les recordaron, por si era necesario, que los que se quedaran fuera se quedarían sin paga.

"Ninguno de nosotros quería entrar. Los jefes llegaron con palos. Al final, nos obligaron a entrar", dijo después un superviviente.

El edificio se vino abajo a las nueve de la mañana.

Las grandes marcas de ropa europeas y norteamericanas alegan que tienen establecidos códigos éticos de buen gobierno en relación a las medidas de seguridad, condiciones de trabajo y remuneraciones. Al final, la prioridad reside en que se cumplan los contratos para que las estanterías de las tiendas siempre estén bien surtidas.

"En relación a la industria textil, estamos implicados como consumidores, y esa implicación exige responsabilidad", escribe Gareth Price Jones, director de la ONG británica Oxfam en Bangladesh. "Podemos tomar decisiones que marquen la diferencia. Ocurre los mismo con las empresas. Lo más fácil es decidir no fijarse en lo que hay detrás de esas marcas, pero podemos elegir comprar ropa que sea el producto de cadenas de suministro transparentes y no abusivas".

Por encima de la presión competitiva que tengan a la hora de reducir costes, dice un editorial del Financial Times, las grandes marcas "no pueden continuar vendiendo ropa que, según las campañas (en favor de condiciones laborales más justas), se produce con un coste de vidas inocentes". Deberían empezar a pensar en el coste que supondrá para su reputación. No pueden escudarse en la corrupción existente en Bangladesh.
Mano de obra muy barata

Los trabajadores no tienen elección. Reciben un salario mínimo equivalente a 37 dólares al mes, muy inferior al de industrias similares en China. Es por tanto una fuente de mano de obra barata perfecta para las grandes marcas. Además, algunas empresas de Bangladesh subcontratan parte de los encargos a compañías menores que pagan menos que el salario mínimo.

"Pagar a los proveedores el coste más bajo posible por unidad es lo que les lleva de un país de bajos salarios a otro y después mantienen esos salarios bajos en los países en los que se instalan", explicó a Business Insider Timothy Ryan, del Centro Americano por la Solidaridad Laboral Internacional, una organización dependiente de los sindicatos norteamericanos.

Bangladesh tiene 150 millones de habitantes. El empleo en la industria textil es la única esperanza de las miles de personas que llegan a la ciudades a la búsqueda de trabajo. Se calcula que tres millones de personas trabajan en estas empresas.
Un plan rechazado

Los sindicatos de Bangladesh, asesorados por sindicatos extranjeros, propusieron en 2011 el establecimiento de un sistema nacional de inspecciones, fuera del control del Gobierno, con poder para comprobar que todas las empresas del país cumplan las normas y para clausurar aquellas que no lo hagan. Cada una de las multinacionales extranjeras lo financiaría con una aportación de unos 500.000 dólares anuales. El plan se presentó en una reunión celebrada en Dacca a la que asistieron varias compañías, como Wal-Mart, Gap y H&M.

Lo rechazaron. Les parecía demasiado costoso y temían asumir responsabilidades legales por las consecuencias de ese control. No son responsabilidades muy diferentes a las que afrontan en sus propios países, pero precisamente buscan desplazar su producción a lugares como China o Bangladesh con la intención de reducir los costes al mínimo y olvidarse de las condiciones de los trabajadores.

El título de este artículo es inexacto. No existe tal maldición. Se trata de decisiones económicas en una cadena de producción que permite fabricar ropa a bajo coste y obtener grandes beneficios.
Y si has llegado hasta aquí seguro que te interesa este audio, una entrevista a Eva Kreisler responsable de la campaña Ropa Limpia de Setem, que nos cuenta que el edificio tenía varias alturas construidas ilegalmente, que albergan fábricas donde se supone que viven personas, que no es la primera vez que pasa (otra fábrica se cayó en 2005 con 64 muertes y en noviembre se incendió una dejando 12 personas fallecidas)pasado, que la gente se manifiesta desde 2010 contra las condiciones de trabajo en la zona, la policía carga contra ellos con pelotas de goma y gases; que sólo dos empresas (entre miles) han firmado un programa de seguridad en el trabajo:

Actualización 30 abril: Ya van 382 víctimas. Algunas de las marcas implicadas (por supuesto Mango y el Corte Inglés no han hecho nada), para lavarse la cara, anuncian compensaciones a las familias de las víctimas. ¿ No sería mejor y más barato, haber invertido en seguridad ?

1 comentario:

Neogéminis dijo...

Es intolerable que se acepte quela gente tenga que trabajar en esas condiciones!...cierto es que los empresarios son responsables, pero las autoridades NO TIENEN PERDÓN!
uN ABRAZO.
(ME VOY INDIGNADA!)