15.1.13

Jophpur, la ciudad azul de India.

Cuando estuve en esta ciudad, en 2005, ni hacía fotos, ni tenía blog (un mes después en Calcuta lo aprendía gracias a los voluntarios con los que hice un campamento de verano en la ong New Light), mandaba emails colectivos todavía. Me acuerdo que compramos aloe vera pelado para comer en el mercado y de un lassi (batido de yogur) de hierbabuena impresionante, pero no conocimos a nadie destacable, salvo a las dependientas de una tienda de una cooperativa de mujeres. Os dejo con las fotos, vídeos y textos (seriotes) de Víctor, que estuvo un par de días en junio de 2010:

11 de Junio 2010

Hoy fluiremos más por la ciudad de Jodhpur, una ciudad que fue fundada en el año 1459 por el Rajput Rao Jodha de los clan Rathore y tuvo gran auge por encontrarse en la ruta comercial entre Delhi y Gujarat, generándose así importantes riquezas y consiguiendo ser la capital de la región de Marwar. Una ciudad que de momento la conocíamos de noche y la primer impresión fue muy buena.
Un desayuno de tostadas en el hotel y marchando tempranito en un tuk tuk al fuerte Meharangarh. Hoy ya si se veía desde la ciudad el imponente fuerte sobre la llamada “montaña de las aves”. No me extraña que sea una de las mayores fortalezas de India. La situación desde luego es inmejorable a más de 100 metros de altura y con paredes de 36 metros más. Subiendo por la sinuosa carretera se va haciendo más y más grande y a sus pies piensas que es invulnerable, un cerrojo con paredes de 20 metros de grosor. Parece una maqueta de gigantes.
Jodha comenzó a construirlo en 1459 y tuvo que desalojar a un ermitaño que vivía en esta misma colina provocando su enfado y el cual hizo pesar sobre el fuerte una maldición que predeciría sequías. Jodha por si acaso tomó medidas y le construyó una casa y un templo al ermitaño cerca de donde vivía antes, pero aún así cada cierto año resultaba una sequía.

 
Finalmente lo que hizo Jodha fue enterrar vivo a un hombre bajo los cimientos del fuerte y ofreció a cambio mantener atendida a su familia por generaciones, tantas que aún hoy sus descendientes viven con ese privilegio. La entrada cuesta 250 INR y además entra en el precio un audio guía y la libertad de hacer fotos. Empezamos el pesado ascenso hasta la puerta Lohapol y es que la cuesta es tremenda. Quien se quiera ahorrar esta caminata puede optar a subir en ascensor… y no es coña, tienen uno disponible. Pero es recomendable ir pasando por cada una de sus puertas y observar por ejemplo las marcas de cañonazos que recibió el fuerte al defenderse y ver las vistas de la ciudad con un deslumbrante color azul. En la puerta de Hierro o Lohapol pueden verse las huellas de las manos que dejaron las viudas del maharajá Man Singh, que se lanzaron a su pira funeraria en el ritual del “sati”. En esta puerta y en muchas de los palacios y fuertes ya vistos, sobresalen unos asombrosos punzones a una altura considerable. La función que tenían estos era evitar que los elefantes pudieran embestir las puertas y entrar a la fuerza, pero además tampoco es casualidad que las entradas siempre estén en curva, ya que esto complicaría la carrerilla del animal.
Ya estamos dentro y el complejo palaciego empieza a deslumbrar con celosías en fachadas enormes y balcones con detalles cuidados al máximo.
 
Se pueden ver varios palacios que en su interior albergan piezas tales como armas, cunas reales, asientos para elefantes, trajes y un largo etcétera además de habitaciones como la Takhat Vilas, la sala privada del último maharajá en habitar el fuerte, Singh Takhat, con paredes y cristales de mil colores y unas extravagantes esferas de vidrio que cuelgan del techo al más puro estilo fiebre de sábado noche.
Otras salas no tienen ningún desperdicio como la Moti Mahal que sería el lugar de reunión del maharajá para decidir asuntos de estado o el palacio de las flores con una decoración exótica en oro que servía de esparcimiento para escuchar versos, música o bailar.
Sin duda las vistas desde el fuerte hacia Jodhpur son espectaculares, confundiendo el cielo con la vieja ciudad.
Desde aquí también se puede divisar el cenotafio Jaswant Thada que ahora sería nuestro próximo destino al encontrarse cerca.
Fuimos andando por la rizada carretera con un sol estremecedor hasta la puerta de entrada del cenotafio. La entrada a Jaswant Thada cuesta 30 INR y 25 INR más por meter la cámara, que en esta ocasión me libré por ocultarla. De un mármol blanco impoluto se levanta este monumento en memoria del Maharajá Jaswant Singh II por orden de su propio hijo. Alrededor se pueden ver más estructuras similares de menor tamaño y un jardín agradable por donde pasear. En el interior del gran cenotafio cuelgan cuadros de anteriores gobernantes en Jodhpur, ya que aquí se encuentra el campo de cremación de todos ellos. Un bonito lugar y sobre todo bonitas vistas al fuerte.
Un solo tuk tuk nos estaba esperando a la salida pensando que como era el único nos podría sacar más dinero. Después de decirle que nos deje en la antigua “ciudad azul” nos dio un precio desorbitado… estábamos solos y el cabronazo estaba firme… ¡Ni hizo caso cuando nos íbamos andando! Al final, tuvimos que volver con la cabeza agachada y darle una última oferta aún cara. Nos miró y cedió… ¡¡¡Estamos negociando unos céntimos!!! Esto llega a un punto que es cabezonería nuestra. El recorrido para nada es largo y encima cuesta abajo. En menos de 5 minutos le pagamos sus 80 rupias y nos deja sumergidos en esta nube azul de casas viejas repintadas… Se dice que aquí vivían antiguamente gente de la casta Brahmán con ese característico color azul, pero que posteriormente la idea fue copiada y extendiéndose por las demás castas con la creencia de que el color azul ahuyentaba a los mosquitos y mantenía frescas las viviendas. El caso es que todas las casas que veíamos en estos momentos eran azules o tenían decoración de este color. Casas viejas, nuevas, grandes o pequeñas.
No teníamos ninguna visita más para estos días y no porque no hubiera nada más, si no porque ya no nos apetecía seguir yendo de un lugar a otro para ver más monumentos. 
Era la una de la tarde y queríamos integrarnos en la ciudad. Sabemos que la torre del reloj, nuestra referencia en Jodhpur, estaba situada al otro lado del fuerte y con tiempo de sobra nos sumergimos por el entramado de calles pasando templos, fuentes y pequeñas plazoletas donde bifurcaban muchos caminos… “izquierda, derecha… ¡por aquí!” Todo parecía un comercio gigantesco. Locales por todos lados y autorickshaw esquivándose de milagro.
Es curioso ver como este transporte cambia de una ciudad a otra y aquí en Jodhpur me resultaban muy cómicos, más alargados y decorados de forma más hortera.
La gente nos observa y saluda. Unos quieren que miremos en su tienda, otros solo quieren una contestación recíproca y los niños unos caramelos o el último trago de Sprit que me quedaba en la botella. La suciedad en esta ciudad esta elevada al cuadrado o al cubo, depende de la calle. Llegamos al mercado Sardar y nos paramos a tomar otro refrigerio en un puesto, sentados frente a un ventilador.
  
De repente somos la atracción del lugar y los niños se aproximan y se sientan como nosotros a tomar algo. No nos dicen nada y se piensan que no les vemos. Miro mi móvil y ellos sacan el suyo. Empiezan a jugar con el y con su cámara nada discreta… más bien diría que ellos son los indiscretos y descarados… “¡sonríe para la foto!” ¡Yo también quiero una!
Nos fuimos a comer ya tarde al mismo sitio de las bombas vegetarianas que cenamos ayer pero esta vez había aprendido la lección y pedí pizza. Perdidos por las tiendas colindantes, yo seguía buscando el dedal para mi madre con suerte pésima. ¡No me puedo creer que me vaya de India sin llevarla el dedal! Desistimos y tras tomar una cerveza en un “majestuoso” bar de 5 metros cuadrados en la segunda planta de un edificio nos fuimos al hotel a darnos un último baño en la olla que tenían por piscina.
Hoy era día 11 y comenzaba el mundial de fútbol. No suelo perderme ninguna inauguración de un mundial, y esta vez con Shakira menos aún… jejeje. Los empleados del hotel charlaban con nosotros y estaban con la selección española. “torres” “villa” “del Bosque” “very good football” “Spain world Champion”… Que dios te oiga le decía… y vaya si los oyó. De momento me vi el primer partido entre Sudáfrica y México… ¡Había empezado el camino!

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