17.4.12

El hombre que comía patatas

Sara es una de nuestras colaboradoras involuntarias, tiene la suerte de estar en Calcuta y recientemente ha viajado por India, de su blog os dejo el encuentro con este curioso personaje:


aloo baba, supongo
La mañana siguiente fuimos al templo de Aloo Baba, llamado así porque el Babá que lo habita es conocido por comer sólo lo que dé el monte y patatas (aloo, en hindi). Babás son los hombres santos que lo dejan todo para encontrar a Dios: su familia, su tierra, y los de verdad jamás piden a saco (como los hay a pares en muchas ciudades); yerran por los caminos de la India hasta que encuentran a Dios y su sitio. Así que éste vendría a ser el Hombre Santo Que Come Patatas, y había encontrado su posto nel mondo aquí, en el templo que antes era conocido como de Deru, el dios de los animales. Efectivamente, allí estábamos rodeados de pavos reales, decenas de ellos, y palomas; todas venían a comer en cuanto veían a alguien emerger del templo.
Así que por fin tenía a un Babá de verdad delante de mí. Llena de curiosidad, me puse a preguntarle cosas: ¿tenía de verdad una conexión con Dios? Sí. Raj hacía de apuntador y dijo que la gente venía a él porque les daba mucha tranquilidad de espíritu. Yo le pregunté por qué en la India había tantos dioses, y dijo que había sólo uno, lo que pasa es que tenía muchas formas, y cada uno adoraba en cada momento la que más necesitaba. También le pregunté qué opinaba de Jesús, Alá, Yahvé, y dijo que todos eran el mismo Dios, pero con diferentes nombres. Ya he dicho antes que la permisividad, la flexibilidad que tienen los indios para aceptar e incorporar otras religiones es fantástica. A sus templos se puede acceder sin ningún problema, jamás despreciarán tus creencias... En fin, y me quedaba otra pregunta en el tintero, ¿qué es el karma exactamente? Pues la conexión con Dios. Si haces cosas buenas, estarás más en contacto con Él, tu karma será más bueno y serás recompensado cuando vuelvas a nacer. Por cierto que si tienes una sintonía especial con un animal, pues también puedes convertirte en uno (y también si te has portado muy mal; por ejemplo, en un escarabajo).
Aloo nos explicó también la dualidad Shiva-Parvati en todos los seres humanos. Parvati es la consorte de Shiva, por cierto. Cada mujer tiene su parte derecha del cuerpo reservada a ésta, y la izquierda a Shiva. Los hombres, viceversa. Porque todos los seres humanos tenemos también algo de divino.
A todo esto, estábamos sentados saboreando el imprescindible chai masala, creo que con leche de búfalo, porque me sabía muchísimo, y el hombre estaba fumando, cosa que indignó muchísimo a Shei, porque mucho dejar todo, y luego estar atado a ese vicio. El hombre se nos disculpó diciendo que empezó hace siete años, que todo el mundo le ofrecía, y que sólo fuma lo que le dan.
Para que Aloo Baba se pueda dedicar plenamente a sus actos espirituales, siempre hay gente a su alrededor que le limpia y le cocina. Sobre todo un hombre, que vive un poco más lejos, en la montaña. Se está preparando para ser un Babá; cuando muera Aloo, él ocupará su lugar. Vimos su morada, dos cañas plantadas en la tierra con un trapo encima en diagonal.
Cuando Aloo llegó a este templo, la construcción era muy pequeñita, perdida en medio del campo. Desde entonces, con las donaciones de sus seguidores, han hecho una carretera para llegar allí, y él mismo ha creado subtemplos dedicados a Shiva, Ganesh (el dios con cara de elefante) y Hanuman (el dios con cara de mono), todo instalado ingeniosamente en la roca, encima y debajo de ella. Aloo incluso nos dijo dónde echar las mejores fotografías. Cuando nos íbamos, le tocamos los pies en señal de respeto, y nos dio su bendición -Que tengáis una buena vida y un buen trabajo- y por un momento sentí como algo especial, como una corriente de electricidad cuando le toqué, aunque acto seguido se acabó el hechizo porque dijo, "y cuando vayáis a los templos no vayáis dejando las cosas que os las roban" y nos tendió la mochila que Shei había olvidado dentro.

2 comentarios:

Neogeminis dijo...

jejeje un testimonio muy especial, como para tener en cuenta a la hora de hacerse una idea de cómo es la cosa por allá.
Un abrazo!

Ángel Iván dijo...

Como hombre de ciencia lo que me sorprende es que seguro que mañana le hacen un análisis de sangre y estaría más sano que una lechuga y yo cada vez que voy me sacan una "tara".