26.3.09

La vuelta:

El taxista, que había sido legal, me dice que el primer autobús sale a las 4. Como no tengo despertador, duermevela hasta las 3 y media. Llego a la estación de Siliguri y poco movimiento, el del chiringuito del chai que no me quiere hacer una torti, gente currando, los típicos listillos revolotean, me zafo de ellos como puedo, que si hay que ir a donde el tren, que si el bus es más tarde, que si el doble de precio...

Escondido tras un puesto de chuches, la gente no para de pedirme cosas
-Yaar, mâi dukhandar nehî hû! (¡Qué no soy el tendero, joer!)

Los ciclotaxis, mu pesaus, al final me monto en uno
 -A Calcuta, rápido. Risas... a las 4,30 y con la tripa vacía, estos tipos son la monda.

Al final el chivatazo del chaiwallah se confirma. A las 5 llega el bus de la Kolkata Corporeision. Me monto sin billete al lado del conductor, bien, si no me echan tengo un balcón a Bengala, un documental a la vida rural. Miro la tripa del conductor, bien oronda, eso quiere decir que parará en buenos merenderos. Se baja. Estoy solo en el bus, la gente me pregunta sin parar
-Que no soy el tití (pica)!

Esto hay que arreglarlo, y le doy la vuelta al cartel de destino, ya no vamos a Calcuta, acabamos de llegar de allí... A la hora prevista y con 4 pasajeros arranca la cafetera errante, el tití me mira atónito cuando le digo que voy a Colcata, me endosa medio librillo de billetes (siete u ocho) y me hace precio, está claro que sólo la tripulación hace el recorrido entero, no ha sabido usted elegir...

A 10 metros de la estación la gente empieza a parar el bus -¿A Siliguri? A lo largo del día lo preguntarán cientos de personas y a nadie le extraña, ni se fijan que llevan el cartel al revés.

El conductor es prudente, bien, aunque será una hora más. Pero es un adicto al claxon, como niño con juego nuevo de infinitas balas, de decibelios infernales. En seguida pillamos autovía, solitaria, esto en un periquete pero sin pasar por los pueblos, más aburrido... el sol se levanta sobre los jardines de té... el conduz saca una palanca y atranca el acelerador, se coloca en la postura del loto, los pies sobre el asiento y con la cerilla con que se acaba de encender un tabaco se arranca la roña de las uñas, un ojo en el piso y el otro en el porvenir...luego las de las manos... luego usa la cerilla como palillo, los restos de la cena fermentados se escupen sobre el motor.

A las 6 desayunamos panecillos de sartén con guiso picante de papas, qué rico. En la autovía empieza la vida y sorteamos todo tipo de vehículos de tracción variopinta, animales, viandantes, esterillas con chiles secándose al sol, un camión cisterna "emergency milk carrier" (¿hein?), conductores suicidas, puentes caídos, manifestaciones, accidentes (nosotros sólo 2, un toque a una moto, sólo chapa pero al viejo que iba detrás casi se queda ahí, y un retrovisor en un adelantamiento ajustado), averías, vendedores...

En el campo se recoge el trigo y la primera tanda de arroz lleva tiempo creciendo, las mujeres picotean los arbustos del té (yo creo que son búnibos pero bueno) echando los brotes en unos campanazos de mimbre que llevan a la espalda, colgando de la cabeza, grandes pirámides de ladrillos frescos se queman por debajo. Paramos en un pueblo panecillos fritos con guisantes picantes, empieza nuestro viacrucis por Bengala...

Eso sí a la rosca hay un tipo nuevo, ¿un colega? ¿el tití? ¿secuestro? al final resultó que se turnan cada 4 horas y encima este no pita casi y no es dado a la pedicura y tiene barriguita... arrocera, porque paramos en una dhaba (casa de comidas) con 2 buenas docenas de guisos, pero sólo dan arroz blanco. Tras diez días de arroz en Nepal, me decanto por la dim-tós bocata de tortilla, dorada y fina y que va por fuera (cebolla y chile de guarnición) y de relleno el pan de molde que absorbe el vapor de la torti y queda blandito... Me la hace en un plis un hostelero de toda la vida, rápido y preciso, eficaz... Aparenta 10 años, quizá tenga 12. ¿Le estaré explotando? ¿Le estaré creando un trauma? Dudas si pedirle la torti o no, cómo si fueras a cambiarle la vida con tu decisión (puro egocentrismo occidental). El chico está encantado con lo que le ha tocado vivir y nunca entenderá lo que es el "ocio", tampoco nadie se lo explicará. Me da la torti en un recorte de periódico, una más entre las miles que preparará en su vida. Su hermano pequeño es el que reparte el agua. El padre les mira tumbado y rascándose la barriga.
De postre un té. Los conductores abren una tapa del motor y le vacían una botella de 2 litros de agua, no se les ve muy convencidos. Arrancamos, son las 2. En breve veo un cartel Kolkata 22, llevamos 9 horas y una más 10. Me habían hablado de 8 no está mal... Al acercarnos al cartel son 222 km, ¿podrá la batidora errante? A las 6 merienda, empanadillas de patata y cacahuete con salsa agridulce, el tráfico se condensa la gente empieza a volver a casa, en los pueblos hay que negociar metro a metro es la hora de comprar para la cena. El mercado se instala donde hay más posibles compradores, en la carretera. Se hace de noche y no paramos de frenazos, las bicis y carros no llevan luces, ni los viandantes, que vuelven felices a casa ignorando los vehículos que les rozan al pasar, taladrando sus oídos con ensordecedores ruidos incesantes.

Como no se vé nada, nuestras largas tienen un alcance de 5 metros, enciendo el mp3 subo el volumen al máximo, y juego a adivinar qué canción puede oírse por ahí al fondo... Se gasta la batería justo al llegar a Calcuta, tardamos una hora en llegar a la estación. Un pelín antes, la taladradora errante rompe su retrovisor contra otro bus, todo por ganar medio metro. Aparcamos y se bajan los 2 conductores y el tití a por el otro bus, bronca larga, en la calle calor y humedad chiclosa, el humo se mastica. Pierdo un tren por poco sólo 40 minutos para el siguiente.

En Sealdah (la estación más transitada de Calcuta) filas enteras de gente muy destroyer, muy pallá, muy abandonada, ni siquiera están desesperadas. Abandonadas a su suerte, esperan, pululan. En el cercanías a algunos vendedores aún les queda voz para anunciar su mercancía, cuatro caramelos 1 taka, 5 naranjitas 10, gusanitos, cacahuetes, guisantes, cuidadosamente metidos en bolsitas transparentes que se sellan con una vela... relojes, pizarras mágicas, guayabas, funda de móvil, dulce de mango, medicinas mágicas, pañuelos, paraguas (para el sol), alfabetos, calcetines, candados, dulces de garbanzo, krispis aliñados al momento, refrescos, filtros para el agua, tempura de verduras, cordones para el móvil, limpiaoídos, incienso... hay que sobrevivir un nuevo día.

Las 10 y media, llego a casa 19 horas después, 600 km dan para mucho más, esto es lo que recuerdo tras un sueño reparador y despertarme con la primera lluvia en 6 meses y un fresquito inesperado... Al final se va a estar bien en Calcuta, y eso que a veces pienso que al que la bautizó le sobró la "ele".
(puesto móvil de frutos secos en el tren, gancho a gancho)

No hay comentarios: