4.2.13

65 años de la muerte de Gandhi

Gandhi es un personaje con muchas luces y sombras, en occidente parece que se resalta más su lado positivo centrándonos en 4 tópicos que se repiten sin parar y olvidando lo mal padre y marido que fue o como los oprimidos no se sentían representados por él, por ejemplo. Gandhi no cambió nada en la sociedad india que pasó de ser oprimida por los burócratas ingleses y su ejército a ser expoliada por la casta de políticos y babus (funcionarios) de uno de los países más corruptos del planeta.Os dejo con una biografía alagadora escrita por Tica Font, directora del Institut Català Internacional per la Pau y detrás algunos comentarios que la rebaten:

Hace 65 años Gandhi fue asesinado por un nacionalista radical e integrista religioso. Gandhi estuvo nominado cuatro veces al Premio Nobel de la Paz, las cuatro veces le fue denegado alegando que era nacionalista.

Su juventud estuvo marcada por las creencias religiosas de su madre, por la rama pacifista del hinduismo, el jainismo; pero Gandhi no llegó a practicar el jainismo, aunque hinduista, fue ecuménico y adoptó todos los credos, el musulmán, el hindú y el cristiano; consideraba las diversas religiones como caminos distintos que convergen en el mismo punto. Una de las influencias que recibió del jainismo, fue el principio de ahimsa o “no hacer daño” y que él mismo lo tradujo al inglés como no-violencia. A pesar de su origen hindú, profundizó en el islamismo y en el cristianismo, en concreto en el mensaje no-violento de ambas religiones. Su búsqueda espiritual más profunda del concepto de no-violencia le llevaba constantemente a la búsqueda de la verdad. Para Gandhi ahimsa y verdad (satyagraha) están tan entrelazadas que es prácticamente imposible desligarlas o separarlas. La satyagraha agrupa dos términos del sánscrito, satya (verdad) y agraha (fuerza). Es, por tanto, la búsqueda de la verdad a través de la fuerza interior la que conduce a actuar en conciencia. Fuerza que conduce a desobedecer y no cooperar con los obstáculos que se oponen a la verdad (conciencia), lo que hoy llamaríamos objeción de conciencia.

El pensamiento de Gandhi abarca cuatro grandes corpus: su pensamiento místico al encuentro de la verdad a través Dios; el pensamiento político para conseguir la independencia de la India del dominio británico; el pensamiento social para eliminar las desigualdades en la sociedad india, entre castas, entre hombre y mujer, y relación entre trabajo y capital; y su pensamiento sobre cómo preparar el cuerpo y el espíritu para lograr sus objetivos de transformación social.

Gandhi fue muy influenciado por el pensamiento de dos personajes: el anarquismo cristiano de Tolstoi y su llamada a la resistencia frente al Estado (bajo su influencia Gandhi afirmaría “los ingleses no nos han tomado la India, nosotros se la hemos dado”); y Thoreau, de quien aprendió la desobediencia como instrumento para enfrentarse a la injusticia. Bajo ambas influencias afirmaría que la esclavitud consiste en someterse y que la libertad exige desobediencia.

Gandhi enriqueció la no-violencia y la búsqueda de la verdad con los conceptos de resistencia y desobediencia, pero a diferencia de Tolstoi y de Thoreau les dio una dimensión organizada y colectiva, sobrepasando la esfera individual. De esta manera la no-violencia se transforma en una técnica o método de lucha política y social.

La fuerza de esos dos principios son los que inspirarán las grandes movilizaciones sociales. En su obra El autogobierno indio, Gandhi señala la estrategia a seguir de desobediencia a las leyes del imperio británico, que aplica en las campañas La satyagraha de la sal que movilizó a millones de personas contra el impuesto británico a la sal; el boicot a la escolarización británica, o a las manufacturas inglesas, en especial las textiles, que lo llevaron en diversas ocasiones a prisión, y el retorno del hilado artesanal para conseguir la independencia de la India. En el mismo sentido, en el texto Programa Constructivo y el discurso Seva Sangh, aboga por la emancipación, a través de la satyagraha, del Gobierno británico y por conseguir una mayor igualdad social, económica y política. Un ideario que, en su día, resultó incómodo para las élites indias, tanto conservadoras, como del marxista Nehru, pero que acabaron aceptando, vistos los éxitos concretos de sus campañas con el seguimiento masivo de millones de indios.

Gandhi instauró métodos de lucha social novedosos como la desobediencia civil y la huelga de hambre. Mediante el método de la no-violencia introduce una forma nueva y revolucionaria de lucha política contra la injusticia y la opresión, proporciona una manera de luchar sin recurrir al uso de la violencia y sin avivar pasiones de odio o venganza.

El método no-violento de Gandhi ha servido como modelo a otras experiencias posteriores y ha ayudado a construir un nuevo repertorio de acciones de lucha social y política a gran escala; podemos encontrar movimientos de resistencia a la ocupación colonial (como Zambia o Ghana) o movimientos de resistencia a leyes discriminatorias o a gobiernos autocráticos (como el movimiento afroamericano por los derechos civiles en Estados Unidos, contra el apartheid en Sudáfrica o “las revoluciones de colores” en Serbia, Georgia, Ucrania, Tailandia y Birmania, o en las recientes primaveras árabes).

Politólogos como Gene Sharp han aportado una visión pragmática de la no-violencia, la han despojado de sus componentes religiosas y la conciben como una técnica de acción sociopolítica que cuando se aplica produce unos resultados más duraderos que el uso de la violencia; es decir, en términos pragmáticos es más eficiente el uso de la no-violencia que el uso de la violencia en la transformación sociopolítica.

(Gandhi nació en una familia adinerada y recibió educación británica)
 Reacciones de distintos cibernautas iconoclastas a este artículo:
-Las distintas religiones siempre han estado detrás de los asesinatos. En nombre de dios de hacen guerras,cuando es ese personaje al que ellos llaman Dios el primero en reclamar la paz y el entendimiento a través de las acciones bondadosas y caritativas, a través del hermanamiento entre los pueblos. 

-Gandhi de revolucionario nada de nada, fue un místico impotente para hacer una revolución en su pais. A la postre sirvió de instrumento a los ingleses para combatir el comunismo en la India. (Vease Kerala) Gandhi no cambió nada en la India, siguieron las desigualdades sociales y el predominio de unas castas sobre otras. 

-Gandhi al servicio del imperio. Después de regenerar la figura de Stalin (Stalin. Historia y crítica de una leyenda negra, El Viejo Topo), el filósofo italiano Domenico Losurdo vuelve a sacudir con su irreverencia impecablemente documentada y argumentada los patrones históricos preestablecidos, ahora desmitificando la figura de Gandhi. Para comenzar deja en evidencia ese manido recurso de quienes dicen estar en contra de todo tipo de violencia, Losurdo comparte una tesis ya defendida por Alfonso Sastre según la cual si renegamos de la violencia de todo Estado es que negamos el Estado y si denunciamos la violencia de todos los movimientos y organizaciones no estatales estamos solo condenando al más débil. Su objetivo con este libro será “mostrar los dilemas, ‘traiciones’ decepciones y auténticas tragedias con que ha tropezado el movimiento inspirado en el ideal de la no violencia”. Así, Losurdo desmonta el mito pacifista de Gandhi y repasa el compromiso del apóstol indio en el reclutamiento de ciudadanos de su país para el ejército británico en la Primera Guerra Mundial, incluso su iniciativa de unirse a los británicos en sus acciones armadas para sofocar los levantamientos de las colonias zulús en África, lo que muestra que no era tan pacífico ni tan rebelde contra la metrópoli. Ya desde su presencia en Sudáfrica, el objetivo de Gandhi era incorporar a los indios en el grupo social de la élite blanca más que combatir el racismo, como bien muestra el autor en las citas que reproduce de los textos de Gandhi. Frente a una violencia revolucionaria, reivindicada por Marx, Engels o Lenin, que se enfrenta a la explotación y que condena la Primera Guerra Mundial al considerarla como una matanza de trabajadores contra trabajadores, Gandhi busca el reconocimiento del fuerte poniéndose de su lado. Es lo que Losurdo presenta como la dicotomía cooptación/emancipación. Gandhi, en un primer momento, junto con los laboristas ingleses e italianos, “reivindica la cooptación de la clase obrera en la clase dominante en Occidente, aunque ello signifique avalar guerras y violencias sangrientas en perjuicio de los pueblos coloniales. Una postura que Engels y las corrientes más radicales del movimiento socialista rechazan de lleno”. Una vez comprobado que su estrategia no sirvió y el imperio británico sigue humillando y marginando a sus compatriotas comienza a enfrentarse a la opresión de la raza blanca, condena la industrialización occidental, reivindica la superioridad moral de la India (ahimsa), presenta a Dios de su parte y termina liderando un nacionalismo religioso. De este modo Gandhi incorpora el martirio a su forma de lucha (“Quien pierda su vida, la ganará y quien intente salvarla, la perderá”). Mientras el partido de Lenin lucha con la convicción de actuar en consonancia con la irresistible corriente de la historia, el partido de Gandhi está convencido de poseer la ayuda divina. Tal y como sucede con los feyahidines, la violencia/no violencia de la lucha de Gandhi es, ante todo, una misión moral que se verá premiada con la salvación eterna. Política y religión irán indisolublemente unidas. Su carisma y heroísmo serán su principal patrimonio que le legitiman como líder, de ahí la conmoción social que provocan sus ayunos de protesta. No acaban aquí la revelaciones audaces de Losurdo sobre Gandhi, encontraremos el ruralismo fascista del líder indio que le lleva a simpatizar con Mussolini (“salvador de la nueva Italia”, “muchas de sus reformas me atraen”) y sus agresiones a Abisinia y Etiopía (“sólo puedo rezar y confiar en que haya paz”). Más tarde se verá su indecisión a apoyar a los aliados contra el nazismo (“no deseo la derrota de Gran Bretaña, pero tampoco la derrota de los alemanes”,”Roosevelt y Churchill son tan criminales como Hitler y Mussolini”). Losurdo denuncia que los constructores de la historia “han erigido al líder indio en apóstol y mártir de la no violencia frente a los héroes de los movimientos revolucionarios por la emancipación de los pueblos coloniales; y así, inopinadamente, Gandhi se convierte en la antítesis de Mao, Ho Chi Minh, Castro y Arafat”. Otro mito que desmonta Losurdo es la supuesta eficacia de la “no violencia” de Gandhi en el logro de la independencia de la India. Al fin y al cabo la descolonización de la India se hizo en pleno proceso de descolonización mundial con un imperio británico agotado por la guerra mundial, incluso Irlanda mediante su sangrienta guerra logró la independencia veinticinco años antes. El miedo a repetir esa experiencia, en opinión de Losurdo, es lo que hizo a Inglaterra reconocer la independencia de la India. No es Gandhi el único “pacifista” que Losurdo desmitifica, también explica cómo Hannah Arendt aplica diferente tabla de medir a la violencia judía contra el nazismo y la de los pueblos coloniales y los negros contra sus opresores. Otro líder de la no violencia cuya trayectoria ha sido tergiversada por la historia es Martin Luther King. Según nuestro autor, la ideología dominante elogia y canoniza al primer King, al que aspira a conseguir que los negros sean partícipes del “sueño americano”, pero condena al olvido al líder afroamericano que condena el racismo blanco de Estados Unidos y la guerra colonial de Vietnam y expresa su admiración por líderes negros comunistas. Para terminar Losurdo destapa la farsa en torno al depositario de la herencia pacifista de Gandhi, el Dalai Lama. Mientras se nos presentan el budismo y los monjes tibetanos como sinónimo de no violencia y el comunismo como sinónimo de expansionismo y violencia, Losurdo destapará el pasado de genocidio y exterminio a manos del V Dalai Lama, la teocracia feudal con la que dominaron el Tíbet, los grupos tibetanos adiestrados, armadas y equipados con material bélico de Washington, el racismo y las vocaciones de limpieza étnica de los Dalai Lama, el culto que el Tercer Reich reservaba al Tíbet. El repaso de estos falsos mitos promovidos por el poder que tiene como estrategia presentar a los rivales de Occidente como la reencarnación de la violencia y a sus amigos como los nuevos “Gandhis”, lleva a Losurdo a denunciar las nuevas políticas de subversión y manipulación de la opinión pública internacional a través de las denominadas “revoluciones de colores”. Es decir, promover rebeliones artificiales mediante el odio religioso, étnico o cultural; financiar grupos minoritarios que activen estas maniobras, magnificar su apoyo popular en los medios de comunicación y establecer paralelismos entre sus líderes y los mitos no violentos consolidados por la manipulación de la historia. Así, la “no violencia”, antes arma de los débiles, se transforma en un arma más a disposición de los poderosos y prepotentes que, incluso desde fuera de la ONU, están decididos a imponer la voluntad del más fuerte. Ahora la proclamación del ideal de no violencia coincide con la apoteosis de Occidente, que se erige en garante de la conciencia moral de la humanidad y se considera autorizado a provocar desestabilizaciones y golpes de Estado. 
Reseña de Pascual Serrano de “La cultura de la no violencia”, de Domenico Losurdo. Losurdo, Domenico. “La cultura de la no violencia”. Península. 2011. Traducción de Helena Aguilà 

-Revolucionario de nada, en la India consigue la independencia pero el sistemas de castas ni lo mencionó, ni intento cambiarlo y no creo que sea necesario decir lo inhumano de dicho sistema, que permite la explotación y la esclavitud. No creo que sea necesario tampoco recordar a que casta perteneció Gandhi y que se educo en los colegios más elitistas de Inglaterra. En Sudafrica se acabo con el apartheid a medias, los ghetos aun existen y cambiaron la dominación blanca por burgueses sin fronteras, de todas las razas pero que seguían/siguen explotando a los mismos. De las revoluciones de colores, sus gobiernos titeres de occidente y sus políticas ultraliberales no creo que tenga que hablar mucho, al igual que de países como Egipto y su sobrevalorada revolución "pacifica". Los países de la antigua URRS dominados por las mafias y magnates surgidos de estas tras sus respectivas "revoluciones". Podemos acudir a internet o cualquier otra fuente para conocer que es de estos países. El gatopardismo de Lampadusa adaptado a nuestros días, las revoluciones burguesas para que el proletariado siga dormido o deje de soñar con el socialismo. Gandhi premio novel de la paz, premio que otorga el poder y por lógica nunca premiaría a un autentico enemigo, ni que decir tiene que dicho premio entregado el año pasado al presidente del país más belicoso del mundo, Barack Obama, y este año a la Unión Europea, campeona en ajustes y represión contra la clase trabajadora) premia los servicios realizados al capital. Ya Jean Paul Sartre ridiculizo a la academia y expreso el valor de dichos premios.